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Hablan las madres de los emprendedores: 5 madres desvelan cómo eran cuando eran niños

En el mes del Día de la Madre, hemos reunido a varios emprendedores con sus progenitoras y les hemos pedido a ellas que nos hablen de sus retoños.

Isabel García Méndez | 06/05/2018
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Malen Pujol Mas, madre de Gérar y Pedro Cañellas (Perfume’s Club)

De carácter inquieto, Malen Pujol empezó a trabajar en un banco nada más terminar COU y con apenas 21 años se casó con Gerardo, el padre de sus dos hijos, Gérar y Pedro Cañellas. Pronto empezó a trabajar en el departamento de administración de Perfumerías Cañellas, la empresa que habían fundado sus suegros. “Todo lo aprendido de ellos, sus valores, su esfuerzo y solución ante las adversidades, son los que he intentado inculcar a mis queridos hijos”. Gérar es el primogénito y, como confiesa Pujol, “su nacimiento fue un acontecimiento familiar importantísimo: heredaba el nombre y apellido de toda una generación crecida a base de trabajo y esfuerzo, no podía defraudar... Quizás le marcamos bastante desde muy pequeño. Era un niño con una imaginación enorme. Aprendió a caminar prontísimo, a los 9 meses, y al año y medio tenía una fluidez verbal que asustaba. Por otro lado, era cabezota, imposible que le hicieras cambiar de opinión cuando ya había dado la suya. Siempre creía tener la razón y se cuestionaba todo a su alrededor. Sigue igual”, bromea. Pedro, el segundo, “nació en un momento muy triste de nuestras vidas. Mi padre había fallecido de repente y su llegada fue motivo de alegría e ilusión. Siempre nos hacía reír muchísimo. Es muy empático y cariñoso. Siempre ayudando a los demás”. Saben lo que es la disciplina del trabajo desde niños, porque les seleccionaron como modelos fotográficos para revistas alemanas. “Nunca se quejaban si debían pasar frío en invierno, con la ropa de temporada del verano próximo, o calor, totalmente abrigados en una playa en pleno agosto para el catalogo del invierno”. Si ha habido un consejo que Malén Pujol ha tenido especial interés en transmitirles, ése es el amor por el trabajo, “Lo veían cada día en sus abuelos, padre y tío Alejandro. Recuerdo indicarles desde muy pequeños que se esforzaran 
al máximo, ya que todo lo que consiguieran antes de los 30 años sería clave para su futuro”. Con los antecedentes emprendedores de la familia, Malén acepta que “nacieron sabiendo que tenían una responsabilidad. La idea de Perfume’s Club, la transformación online del negocio familiar, es una idea completamente suya, pero se han apoyado en los cimientos de la empresa familiar. Es su reto: crecer y demostrar la continuidad de la saga”.

HABLAN GÉRAR Y PEDRO: “Su mayor enseñanza fue que, hiciésemos lo que hiciésemos, debíamos tener una buena actitud, respeto y amor. De esta forma es muy difícil que 
algo salga mal. Hay que aprender cada día y no descansar, ya que es la mejor forma de prosperar”, insiste Pedro. Para Gérar, “siempre nos ha empujado a apuntar alto y nos ha ayudado a convencernos de que podemos conseguirlo todo en la vida. Continuamente nos ha animado a estar unidos, también con nuestro hermano de padre. Cuidarnos por fuera y por dentro era pan del día a día. El orden y la salud son belleza".

María Ángeles Del Pozuelo Robles, madre de Elena, María y Natalia Gómez del Pozuelo (cofundadoras de Bebedeparis y Womenalia y escritora)

“Adelante que puedes”. Ésa es la frase que para las hermanas Gómez del Pozuelo mejor define la filosofía y los consejos que les inculcaba su madre, María Ángeles del Pozuelo Robles. Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid y madre de cuatro hijos, nunca tuvo reparos a la hora de ponerse el mundo por montera y recorrerlo con toda su troupe. “Se fueron a vivir lejos de la ciudad a pesar de que
 les decían que era una locura. Nos fuimos a Bruselas cuando éramos todos adolescentes y los amigos les decían que era una locura. En cada uno de los sitios en los que estuvieron, sin importar el idioma, la casa estaba llena de gente y era un lugar de disfrute. Cada uno encontraba un rincón para lo suyo y para los suyos”, recuerdan las hermanas.
Algo en lo que coincide María Ángeles: “Creo que les formaron mucho los viajes que hicimos, tanto dentro de España como en el extranjero. Fue un acierto trasladarnos a Bélgica: aprendieron inglés y francés además de una cultura diferente. Fue una época muy especial de unión entre nosotros”.
 En la formación inicial de las hermanas jugó un papel fundamental “el irnos a las afueras de Madrid. Les dio una libertad enorme para disfrutar con sus amigos, las bicicletas, practicando deporte... Igual traían 
el espíritu emprendedor de fábrica porque se pasaban el día haciendo trueques e intercambios con las tareas domésticas“, rememora Del Pozuelo y enumera: “Elena sacó primero de Derecho en Bélgica, sumado a primero de Derecho por 
la UNED, 18 asignaturas con media de sobresaliente. Con su tesón ha logrado cualquier meta que se ha propuesto. Natalia aprovechaba cualquier ocasión para esconderse en el cuarto más retirado de la casa y leer. Estuvo 15 años de directiva, pero su amor por los libros le llevó 
a dedicarse a la escritura. María, la pequeña, siempre ha sido feliz, positiva y deportista por naturaleza. Con 17 años presentó a la cerveza Carlsberg un club de fidelización para poner en marcha en Sierra Nevada. Quizás vivíamos en un ambiente emprendedor sin saberlo, ya que todos, incluido su hermano Pablo, han terminado siendo empresarios”. De manera que cuando decidieron emprender, María Ángeles del Pozuelo simplemente lo aceptó. Todo ello sin olvidar sus tres consejos claves: “El esfuerzo personal, la constancia y el respeto a los demás”.

HABLAN MARÍA, ELENA Y NATALIA: “Eran unos valientes, ésa ha sido 
la mayor enseñanza. Los viajes y los traslados nos abrieron la puerta a otros idiomas y la mente a otras ideas, reforzando nuestro cariño. Cada vez que hemos querido emprender, lo han aceptado, nos han animado y nos han recordado que un techo y comida nunca nos iban a faltar. Esenoses muy importante, porque somos red, unos de otros y, con el sostén y la seguridad de tus afectos, cualquier cosa es posible”.

 

Rosa González, madre de Izanami Martínez (The Notox Academy)

“He tenido mucha, pero que mucha suerte, por tener la madre que tengo”, defiende Izanami Martínez y no lo dice sólo por el tremendo apoyo que en el día a día le presta con su hijo Bosco, sino también por el ejemplo que le ha brindado a lo largo de su vida. Hija de militar, Rosa González Juarrero nació en Melilla, vivió en varias provincias y estudió INEF. Apasionada de la educación, cuando nacieron sus dos hijas (Izanami,
 la mayor, y Yakami) descubrió que en León, donde vivía en aquel momento, no había ningún colegio que diera la educación flexible, creativa y personalizada que buscaba, así que decidió crearlo ella.
 Gracias a ese tesón sus hijas tuvieron, junto con 300 niños más, la oportunidad de aprender jugando y de desarrollar al máximo sus capacidades. Esta pasión por la educación le sigue acompañando y ahora como abuela es “un apoyo fundamental en la educación y cuidado de sus nietos. Creo que las abuelas cumplen una función natural en la crianza de los nietos. Si hay salud y ganas, este apoyo facilita mucho la dedicación laboral de los padres. Para mí, además, es como una nueva oportunidad para repetir el proceso hecho con los hijos, de acompañarles en su descubrimiento e inmersión en el mundo que les rodea.”

Sobre Izanami, recuerda que de pequeña era “muy observadora, comprensiva, imaginativa, reflexiva y cariñosa con su hermana pequeña. Muy interesada en jugar y explorar, le gustaba mucho que se le leyeran cuentos, historias y leyendas. Cuando aprendió a leer, devoraba libros de cualquier temática. Y preguntaba, y esperaba respuestas, sobre todo aquello que no entendía de su entorno. A menudo cuando íbamos en el coche, aprovechaba a preguntar sobre lo que nos había oído hablar a los adultos: “cuando dijiste (...), exactamente ¿qué querías decir?”. Sobre la actividad emprendedora de su hija, González Juarrero lo tiene claro: “No me la imaginaba en un trabajo rutinario y repetitivo, en el que no pudiera ser creativa y explorar y aportar nuevas ideas. Es algo totalmente en consonancia con ella. Me parece importante que lo que estés haciendo te resulte interesante, estimulante y divertido. Y creo que, en el caso de Izanami, se cumplen todas esas premisas”. Dos son los consejos fundamentales que más interés ha tenido en transmitirle: “hay que aprender y ser felices. Para ello es importante conocer, comprender y respetar las normas y valores establecidos en la sociedad, para, desde ahí, aportar nuevas ideas que ayuden a mejorar nuestra vida y la de los demás”.

HABLA IZANAMI: “Mi madre es más de acciones que de consejos. Le he visto siempre materializar soluciones a problemas y no desfallecer hasta conseguirlo, por muy imposible que pudiera parecer en un principio. No podemos ser lo que no conocemos y mi madre es el mejor referente que podría imaginar.”

 

Montserrat Villaró, madre de Eva y María Martín (Tiendeo)

Barcelonesa de nacimiento, Montserrat Villaró estudió Magisterio y Pedagogía y ha trabajado en la escuela pública. Madre de tres hijas, las dos pequeñas son las gemelas Eva y María, fundadoras de Tiendeo. Durante los primeros meses su madre no entendía de qué iba el concepto y aun hoy Villaró sigue sin comprenderlo del todo: “Todavía no tengo muy claro su modelo de empresa, pero estoy muy contenta de ver lo que van logrando y sobre todo de que sean felices con lo que hacen y esto para mí es lo más importante”.

No le entusiasmó la idea de que se convirtiesen en emprendedoras: “cuando dejaron el trabajo y comenzaron la empresa, me sentó muy mal. Tuve un gran disgusto, ya que las veía en un trabajo estable dentro de las multinacionales donde tenían un contrato fijo. Ambas hablan varios idiomas, al haber estudiado en el colegio alemán y la École Centrale de París. Llevar una empresa es una gran responsabilidad por los empleados, la incertidumbre y la falta de estabilidad. Pero, a cambio, veo la ilusión por el trabajo y la satisfacción con que lo hacen, y eso me reconforta”. Sobre su infancia, Villaró recuerda que “Eva y María eran unas niñas extraordinarias, no me dieron la más mínima preocupación, cariñosas, obedientes... aunque también traviesas. Se entretenían jugando, dibujando y pintando y luego se convirtieron en grandísimas lectoras. Recuerdo que un día al ir a apagar la luz para que se durmieran, Eva me dijo: ‘mamá, espera, aún no he leído y un día sin leer es un día triste’. Me hizo mucha gracia por lo dramático. Cuando fueron creciendo, se volvieron unas perfectas estudiantes. Destacaban en todo gracias al esfuerzo que le dedicaban al estudio, y tenían notas brillantes. Disfrutaban estudiando y creo que siguen disfrutando mucho al aprender cosas nuevas. Siempre les interesaron más las ciencias, todo lo científico. Sobre todo, a María, ya de bien pequeña la llamábamos ‘Marieta de les cuques’ (bichos, en catalán), porque recogía arañas, gusanos, todo tipo de insectos y los cuidaba, se sabía todos los nombres y especies. Les encantaba el Cheminova, un juego de química. En ambas, su punto débil es la falta de orden. También la timidez. Entre los valores que más me empeñé en inculcarles destacaría el respeto hacia todo su entorno, el esfuerzo, el compañerismo, la solidaridad, la capacidad de compartir y la sinceridad. En el futuro las veo trabajando en aquello que les guste y disfrutando con ello. Y, sobre todo, aprendiendo cosas nuevas.”

HABLAN MARÍA Y EVA: Si algo tiene María que agradecerle a su madre es el amor por la lectura y por el esfuerzo. Según Eva, “nos animó a hacer lo que quisiéramos y transmitirnos valores importantes como la solidaridad y la integridad”. Las dos hicieron un esfuerzo titánico por explicarle el concepto: “Hasta que no conseguimos el primer cliente no se quedó tranquila y todavía hoy repasa las cadenas de supermercados para ver cuáles son clientes nuestros. Sólo compra en las que hacen buzoneo digital con nosotros”, bromea Eva.

Rosa Laviña, madre de Pablo Herreros (socio director de Goodwill Comunicación)

Si hay una enseñanza que Pablo Herreros reconoce de su madre, Rosa Laviña, es la “del valor de la verdad. Me ha enseñado a ser sincero”, quizás por eso no es casualidad que el título de su último libro sea precisamente Sé transparente y te lloverán los clientes. Y es que “honestidad y sinceridad” son los valores que ha tenido especial interés en inculcarle esta asturiana de Mieres, hija de un ingeniero de Minas.

Con apenas 8 años se trasladó
 a Madrid a vivir con sus abuelos. Su primer recuerdo de infancia fueron los caldos y las croquetas con las que su abuelo la mimaba en el famoso restaurante Lhardy. Estudió Enfermería en la Universidad Complutense e hizo tres años de Psicología Evolutiva. Durante la Transición fue muy activa, porque
 su marido, Antonio Herreros, fue uno de los militares que lideraron la Unión Militar Democrática (UMD) y acabó condenado a 4 años de cárcel “por intentar traer la democracia a España desde el Ejército. Con muy pocos años, Pablo venía conmigo a la cárcel para ver a su padre y preguntaba a los soldados que le custodiaban: ‘¿’Eza’ porra no ‘zerá’ para pegar a mi padre, no...?’ Y el guardia se ponía rojo de vergüenza”, recuerda esta mujer que, a sus 84 años, lleva a rajatabla su lema de vida: “Como fuera de casa no se está en ningún sitio; la casa está llena de peligros”. Así que, como dice su hijo, “sale a sus clases de pintura, sus sesiones de Pilates y sus talleres de escritura literaria”.

Pablo es el benjamín de sus siete hijos: “Era un niño muy repipi. Al tener seis hermanos mayores participaba en todas las conversaciones, reuniones y fiestas, que en nuestra casa eran constantes. También era muy gracioso y lo sabía todo. En casa decíamos en broma que era un señor bajito”. Aunque reconoce que “muchas veces los emprendedores no son todo lo valorados que debieran ser y económicamente pueden tener menos retribución que profesionales similares que trabajan en empresas, me pareció muy bien que emprendiese porque pienso que, gracia a los emprendedores, se va mejorando la sociedad y se descubren nuevas perspectivas. Con su proyecto está ayudando a mejorar el mundo y desarrolla su personalidad gracias a todo lo que aprende en su día a día. Y, además, tiene la libertad de hacer cosas que un empleado no puede, como venir a comer a mi casa un viernes”.

HABLA PABLO: “Mi madre me ha enseñado a ser responsable y a hacer el bien sin mirar a quién. Y de ella aprendo, sin que se dé cuenta, que en la vida lo importante es vivirla, disfrutar a tope de todo lo bueno y nunca dar más importancia al dinero que a ser feliz”.

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