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Por qué hay jefes duros y exigentes que son muy admirados

Son tipos directos que rozan, incluso, la mala educación. A nadie nos gustaría tenerlos de jefes. Y a veces son muy admirados.

04/10/2018
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¿Por qué nos atrae tanto este tipo de personajes? ¿Qué es lo que se admira de ellos? Quizá sea que envidiamos su capacidad para decir lo que piensan sin preocuparse de nada más. Atraen porque simbolizan todo lo que pensamos y no nos atrevemos a decir. Lo que se admira de ellos es que sean distintos.

Ahí parece radicar su éxito: representan la formulación de nuestro “yo” más rebelde que tendemos a atemperar pero que ellos se permiten el lujo de dejar fluir. Sin embargo, se considera que, aunque estén de moda en la tele, el mundo de la empresa es otra cosa. En esta misma línea existe un cierto despertar respecto a ese jefe. Hay muchas empresas que asocian líder con mandar y dar órdenes, independientemente de la forma en que lo haga. Al final tenemos que asociar al auténtico líder con otras actividades, como cohesionar puntos de vista, aceptar propuestas, entrenar u orientar el equipo.

El ‘jefe duro’ en la empresa

Según explican los expertos, la realidad de este modelo en la empresa es esta:


No todo el mundo sirve. No todo el mundo sirve para liderar. Además, a la mayoría de la gente que trabaja le va la marcha; no les importa bailar el son que toque mientras no tengan que hacerlo ellos. Es el terror al compromiso que implica mandar. Por otra parte, se debe diferenciar entre quien adopta un rol de chico malo del que es cáustico de por sí. Ninguno de estos modelos renuncia a la comunicación y eso es bueno. La asertividad es complicada pero es necesaria.

Líderes y mandones. Existen estos dos tipos de jefe, que nada tienen que ver. Hay directivos que realmente dirigen y otros de karaoke, esos que han sacado un máster o un MBA y creen que ya saben dirigir. En el fondo hay poca gente capaz de impulsar, motivar y sacar lo mejor de cada uno y hacerlo comunicándose.

El modelo de ‘ordeno y mando’. Muchos colegas dirán que este modelo está en desuso pero la verdad es que, mientras existe rebaño, hay pastores. Hay mucha gente que elige ser rebaño; no quiere crecer y simplemente invierte unas horas de su vida a cambio de un salario. Para ellos el ordeno y mando funciona y si les pides que se impliquen o tomen una decisión, les creas un problema.

Útiles en algunas ocasiones. Existen grandes empresas que coyunturalmente han fichado un CEO del tipo duro para hacer la purga y sanear la compañía. Lo que hace es romper antiguos esquemas que no funcionaban o estaban obsoletos. A veces es sano hacer limpieza o centrar los problemas reales en las empresas.

También es aplicable en determinadas coyunturas: para levantar el ánimo, motivar, cambiar el rumbo, tomar decisiones, romper una rutina, etc. Si el barco se hunde no puedes reunir a todo el personal y decir «Señores, ¿qué es lo que debemos hacer?» Es un momento en el que debes mandar.

Peligroso si se prolonga. Puede ser útil en momentos puntuales pero, si se prolonga en el tiempo, es peligroso. Al final se crea un círculo de dependencia porque si tenemos un jefe que lo único que hace es mandar, nos acabaremos limitando a escuchar sus órdenes y a ejecutar. El mejor sistema es siempre el de las compensaciones: reconocimiento o bronca cuando es necesario.

El ejemplo y la autoexigencia, fundamental. Lo que hace que un directivo duro pueda ser buen jefe es que primero se haga sentir y después se haga notar. Los buenos líderes se hacen oír, respetar y son ejemplo, porque la gente es gregaria y necesita prototipos. En cuanto a la autoxigencia, no puedes pedir lo que no estás dispuesto a cumplir.

¿Son las mujeres más duras?

En muchas ocasiones se tiende a decir que las jefas son más duras que los jefes. Los expertos echan por tierra este mito, aunque sí que reconoce que existen algunos aspectos que pueden llevar a la confusión. En general, la mujer no adopta un papel duro para hacerse respetar pero –y de ahí nace la confusión– es más escrupulosa y a veces menos flexible en el cumplimiento de la norma. La razón subjetiva puede ser de diversa índole: miedo al ridículo, ganas de hacer las cosas bien, sentirse más vigilada o, simplemente, ética y valores. Pero es más difícil de ‘corromper’ a un funcionario femenino que a uno masculino. Son menos tolerantes porque administran mejor, incluso en el cumplimiento del deber.

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