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Si eres ‘negativo’, ‘inseguro’ o ‘miedoso’, no estás preparado para emprender

Negatividad, inseguridad, miedo... Son muchos los obstáculos emocionales que afectan a la actividad emprendedora.

Isabel García Méndez | 29/06/2018
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Negatividad propia y ajena

Como recuerda Agustín Agerlich, director de Argelich Network, “el principal obstáculo emocional para emprender es nuestra propia conversación interior. Si nos decimos que no podemos, no podremos”. Y, junto a las malas expectativas propias, están las del entorno. Frases del tipo no lo vas a conseguir, te la vas a pegar o estás loco se pueden convertir en un pesado lastre. “Si en nuestra organización se respira negatividad, es difícil salir adelante y, más aún, desarrollar una innovación”, confirma Agerlich. Otra rémora importante son los prejuicios y el inmovilismo. “Cuando decidimos traer Grupo Alto a España, que ofrecía un modelo innovador –la seguridad para prevenir los pequeños hurtos de los comercios–, tuvimos que afrontar objeciones como no es lo mismo Latinoamérica que España, ¿por qué cambiar si llevamos años haciéndolo así?”, se lamenta Mardones.

Cómo superarlo. Debemos aprender a escoger nuestra actitud antes las circunstancias y asumir el protagonismo de nuestro destino: trabajar nuestra proactividad. Y aprender a reescribirnos los guiones: hablarnos bien, en positivo y con palabras de ánimo. Frente a no voy a ser capaz, repítete yo puedo, lo voy a conseguir, lo lograré. Todo ello “sin vender el cuento de la lechera o engañar al personal con falsas promesas. El emprendedor debe tener el suficiente realismo para gestionar los riesgos y aprovechar las oportunidades”, según Agerlich. Y ante las negatividades ajenas, racionalizar tu propuesta, justificándola y argumentándola con datos.

Inseguridad e indecisión

Las dudas son un mal compañero del emprendedor, pero son inherentes a él. Julio Usandizaga, director de Comunica720, lo relata así: “Los principales obstáculos emocionales han ido variando con el tiempo, pero siempre han tenido que ver con la inseguridad. Cuando empecé, me entraron todo tipo de dudas. ¿Es la opción correcta? ¿Está el mercado preparado? Después de esta fase continué con el ¿soy capaz? ¿cuál es el elemento diferenciador? Luego viene la etapa irracional: creo que esta presentación no me ha salido bien, una mosca pasó y me distrajo. Y esas dudas afectan a la toma de decisiones”. “En mi caso, tras 11 años como emprendedor, seis de ellos acompañado y los últimos cinco en solitario, la toma de decisiones ha sido el obstáculo emocional más habitual y el más importante en cada momento”, explica Emiliano Tichauer, fundador de la agencia de marketing Parvus Media. A esta inseguridad también contribuye el que, a menudo, el emprendedor pasa de un trabajo que domina a otro donde de repente encuentra áreas que desconoce o en las que no es un experto y para las que necesita ayuda de terceras personas, lo que le crea inseguridad.

Cómo superarlo. “Aprendí a manejar mis emociones y a ser yo mismo sin importar lo que opinasen los demás. Lo conseguí siendo perseverante, teniendo el objetivo claro, adecuando el camino para llegar y planificando. Y, por supuesto, formándome. Una cosa que siempre he tenido presente es que la mejor inversión que puedes hacer es en ti mismo: aprende y aprende. Siempre sé la mejor versión de ti mismo”, resume Usandizaga. “Es muy importante rodearnos de personas que nos complementen, tanto en estrategia como en operativa y, en general, en todos los ámbitos”, recuerda Alejandra Mardones.

Decepción

“A lo largo de mi vida, he seguido principalmente un karma: dar sin esperar, recibir y recordar. Es un lema que me sirve para tener presente que cuando se da, se hace por uno mismo, desinteresadamente. Pero no siempre la gente tiene las mejores intenciones y eso a veces provoca decepciones”, explica Cipri Quintas, socio del grupo Silk y autor de El libro del networking. A otro nivel, es un obstáculo que también le ha afectado a Iriarte: “Cuando diriges empresas pequeñas, en muchas ocasiones, pecas de ingenuidad e inexperiencia, tratas de transmitir tu ilusión al equipo, compartiendo con ellos todo lo bueno, quieres crear un buen ambiente laboral. Sin embargo, cuando vienen malos momentos, comprendes que tus trabajadores no son tus amigos, que los problemas te los tienes que comer tú solo, que los favores que has hecho se han convertido en derechos y el clima de incertidumbre y desconfianza se vuelve muy negativo y peligroso”.

Cómo superarlo. “Intento no generarme expectativas. Si no esperas nada a cambio y tienes esto claro, los obstáculos se superan. Uno de los mejores consejos que puedo dar es que hay que ser siempre empresario de uno mismo, con sus propios recursos, virtudes y puntos fuertes”, señala Cipri Quintas. En opinión de Carlos Iriarte, la clave pasa por “cambiar el chip y así comienzas a ejercer realmente de jefe y líder más que de compañero y amigo. Si consigues formar un buen equipo, todos ellos suman y van remando en la misma dirección. Además, la energía se utiliza para cosas productivas”.

Culpa

“El mayor reto, sin duda alguna, ha sido tener que decir a personas del equipo que ya no pueden continuar en la startup. Recuerdo el día en el que tuvimos que despedir a la primera. Llegamos a la oficina temblando... Es un momento durísimo para el emprendedor, porque se crean grandes conexiones emocionales en el equipo. Pero cuando hay personas que no se adaptan al ritmo, es mejor enfrentarse a la realidad”, explican Pablo Fernández y Carlos Rivera, cofundadores de Clicars. Otra versión del sentimiento de culpa tiene que ver con la incapacidad del emprendedor para decir No a clientes y proveedores. “No todos los proyectos son válidos, has de ser selectivo porque en ello va tu reputación y, sobre todo, tu tranquilidad. No puedes estar en todo, llegas a donde llegas y, a partir de ahí, la cuenta se la pasas a tu salud”, explica Usandizaga.

Cómo superarlo. “Gracias al consejo y apoyo de otros emprendedores que han pasado antes que tú por este tipo de situaciones difíciles. El día antes de despedir a la primera persona del equipo, hablamos con más de cuatro amigos emprendedores y les pedimos su opinión. No existe una forma buena de despedir, sino una mala y otra peor. Posponer y no afrontar la situación es la peor”, recuerdan desde Clicars. Y asertividad: “Hay que aprender a decir No, al principio cuesta, pero es la forma de ser coherente”, defiende Usandizaga. Algo que corrobora Daniel Olivera, socio director de MRC Training: “El emprendedor debe ser asertivo para defender su producto y su negocio, pero sin caer en la complacencia o en la agresividad, y eso es entrenable”.

Miedo y sensación de fracaso

En este apartado se unen dos emociones similares, pero ligeramente diferentes. Ambas tienen su origen en el fracaso como concepto, pero mientras una está vinculada al miedo a que se produzca, la otra se refiere a cuando efectivamente ocurre. “Cuando llevas un tiempo con tu idea de negocio y empiezas a convertirla en realidad, aparece una voz dentro de tu cabeza que empieza a cuestionarlo todo”, apunta Escribano. “El miedo al fracaso surge en cuanto montas el negocio. Además de que, por estadística, es lo más probable, la puesta en marcha de una empresa te obliga a jugarte tu patrimonio y el poder perderlo todo, provoca ansiedad”, confirma Iñaki Bartolomé. Pero con ser paralizante el miedo al,más peligroso es el sentimiento de fracaso. “Recuerdo esa sensación cuando no fui capaz de levantar una segunda ronda de financiación y tuve que despedir a un equipo de 11 personas tras casi tres años remando juntos. A eso tuve que añadir la preocupación por perder la amistad de un amigo que invirtió en mi primera startup”, recuerda Demis Torres, CEO de Mascoteros.

Cómo superarlo. Como explica Alejandra Mardones, “respecto al miedo de que no resulte, lo importante es establecer métricas y avanzar por etapas”. Riera propone “planificar el fracaso, estableciendo con anterioridad el tiempo y el dinero. Es decir, en caso de producirse, cuánto tiempo vas a soportar esa situación y cuánto dinero vas a gastar”. Y para superar la sensación de fracaso, “honestidad con el equipo, con los amigos, inversores, con tu cofundador y luchar todos los días. También me ayudó la meditación para normalizar el fracaso, relativizar los problemas y visualizar las situaciones con mayor perspectiva”, señala Torres.

Impaciencia y frustración

Es un sentimiento muy común a los emprendedores. Por un lado, porque los resultados a menudo se hacen esperar más de lo deseado y, por otro, porque la claridad mental del líder no siempre es comprendida a la primera por el entorno, provocando frustración e ira, lo que puede conducir a desencuentros y decisiones erróneas. “Soy muy impulsiva, siempre tengo en la cabeza la visión y, una vez que visualizo el objetivo, quiero ejecutarlo ya, y la realidad es distinta. Por un lado, porque no es fácil explicarlo al equipo ni a los inversores y, por otro, porque hay que tener paciencia para llevarlo al mercado. Ahora estoy viendo que el mercado empieza a aceptar cosas que yo ya había pensado hace seis años”, explica Sira Pérez de la Coba, CEO y fundadora de Shazura.

Cómo superarlo. En palabras de Riera, es importante entender que esa frustración “surge muchas veces porque los demás no entienden la motivación y la velocidad mental del emprendedor. Por eso es importante tomar autoconciencia de tu velocidad mental y reforzar tu autoestima”. “Lo primero, entender que es así. Que la visión que yo tengo me da la oportunidad de ser pionero, pero que hay que saber que el mercado lleva su ritmo, así que he aprendido a delegar la parte de ejecución y dedicarme a desarrollar el siguiente producto. El 50% de mi tiempo lo dedico a definir la visión. La impaciencia genera frustración y hay que entender que el ritmo que yo llevo es distinto”. Y si la frustración tiene que ver con la incapacidad para hacer algo, no lo dudes: mejora tu preparación.

Desmotivación

“Ser emprendedor no es fácil, tienes que tener una idea de negocio disruptiva y confiar mucho en ese modelo de negocio, encontrar mucho apoyo para poder salir a la superficie, primero, y luego seguir a flote. Es como ser un trozo de madera en alta mar... si hay una tormenta, que siempre las hay, es muy difícil mantenerse a flote”, explica Arturo Ballester, fundador de Lemonkey. Asier Uribeechebarria, director general de Finanbest, habla de “agotamiento emocional ante las numerosas dificultades y retrasos en los planes” y el CEO de Making Science, de entender que “emprender es, ante todo, una carrera de fondo. Una forma de entender los negocios en la que vale más la perseverancia y el asumir que todo deber ser chequeado y probado. Y, para todo ello, es importante mantener la motivación, la tuya y la de todos tus compañeros de viaje, una dedicación permanente y una actitud abierta”.

Cómo superarlo. “Debes tener mucha fe en el proyecto y perseverancia y hay que transmitir esa fe y esa convicción a los inversores, para poder mantenerse y que confíen en ti”, insiste Ballester. En una palabra, debes aprender a automotivarte. Existen algunas estrategias interesantes: cambiar el por qué haces algo por el para qué; asumir el protagonismo en tu vida; establecer metas pequeñas que resulten más asequibles; actuar y atreverte; no procastinar; formarse y aprender...

 
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