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Estrategia

Montar un negocio online: consejos para emprendedores sin experiencia

¿Qué voy a vender? ¿A quién se lo voy a vender? ¿Con qué modelo de negocio?

Rafa Galán | 06/09/2018
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Por si no lo sospechabas todavía, ya te lo decimos nosotros: una tienda online no se monta en un mes. Y te lo decimos porque lo hemos intentado y, sencillamente, no se puede: hacer el estudio de mercado, dar con un modelo de negocio, encontrar proveedores, pedirles presupuesto, que te lo envíen, renegociar con ellos para que te salgan las cuentas, echar esas cuentas, contratar el proveedor de tecnología...

Vamos, por poder se puede, pero con pocas garantías –ninguna, si me preguntas a mí– y arriesgando ese paro que estás pensando capitalizar.
El caso es que hemos querido dar un giro a cómo enfocamos los reportajes y hemos dado todos los pasos para montar una tienda nosotros mismos. Queríamos ponernos en el lugar de alguien que no tuviera experiencia en montar un negocio online para experimentar los mismos problemas que tú –si eres un experto en tiendas online, está claro que ya te sabes todo esto, así que esto no va dirigido a ti–. ¿Y quién mejor que yo, un simpático periodista?

Mi idea ha sido seguir todos los pasos igual que los darías tú al querer montar una tienda online: darle vueltas a qué producto podría vender; ver de qué forma iba a conseguir ganar dinero; buscar y encontrar proveedores; testar los productos de esos proveedores; seleccionar los productos que finalmente se van a vender; hacer el estudio de mercado.. Bueno, todo eso y luego contrastar todos mis pasos con expertos para ver en qué he acertado y en qué he errado, para que tú des menos pasos en falso si montas una tienda online.

Y el producto es...

¿El primer paso? Ver qué producto voy a vender. Comienzo a darle vueltas a qué opciones se me ocurren para la tienda:

1.-Púas para guitarras. Porque había visto la idea en el extranjero buscando ideas de negocio para la sección de Oportunidades de la revista y porque me lo había comentado mi compañero Javier Escudero hacía poco. Javi había visto incluso una máquina que fabricaba púas.

2.-Mandiles para cocinar. Porque me encanta una tienda francesa que vende, eso, mandiles: MadameChoup. Se toman el mandil como un elemento de moda, con diseños propios (nada de meter un dibujo o imprimir una foto).

3.-Chubasqueros para montar en bicicleta. Porque están en el catálogo de una empresa estadounidense de ropa para mujeres ciclistas a la que le tenía echada el ojo para la revista.

4.-Lápices táctiles para tabletas. Porque había leído un artículo en el blog de la edición digital de la revista estadounidense de tecnología Wired Gadget Lab que consulto frecuentemente. Hablaba de un bolígrafo táctil alemán de calidad.

5.-Correas de seguridad para peques. Porque lo había visto en un episodio en televisión de Modern Family antes de que mi hija comenzara a andar y había pensado que era una tontería. Y ahora que mi hija anda, como que ya me parecen mejor idea.

¡Ya lo tengo!
Le doy vueltas a todas estas propuestas y al final me quedo con los lápices táctiles. La idea que me gusta más es la que he leído en Wired y lo leo ahora con nuevos ojos.

Siempre había pensado que había vida más allá de los productos de Apple y que productos para los usuarios de iPad hay para aburrir, pero no para el resto de tabletas y marcas.

El artículo en cuestión hacía referencia a un producto alemán: AluPen. Así que lo busco en Internet y les escribo a la dirección comercial para decirles que estoy interesado en convertirme en distribuidor. Al verlo, me recuerda a los plastidecor con los que jugábamos de pequeños y con los que luego jogó mi hija. Es un diseño original de la marca y es caro: 24,95 euros, sin IVA y sin gastos de envío. Bueno, ya tengo por dónde empezar. ¿Lo fabricarán también en China…

La idea, en una servilleta

“Voy a vender bolígrafos táctiles. Pero, ¿bolígrafos de primera calidad o me voy a precio y traigo producto de China con más margen?”

Esto es lo primero que apunto en una servilleta. No tengo claro nada más –ni qué producto, ni a quién se lo voy a vender–, así que comienzo a darle vueltas. ¿Bolígrafos de primera calidad? ¿Bolígrafos de China? ¿Para ejecutivos? ¿Para artistas gráficos?  ¿Para niños?. Tengo claro que un negocio es un buen producto a un buen precio con alguien al otro lado dispuesto a pagar por él y todo ello a través de un canal que funcione. ¿Cómo consigo ese buen precio? ¿Dónde tengo que buscar?

¿Qué diría un experto?
Puesto que tengo claro que no me voy a poner a fabricar yo, tengo que encontrar fabricantes. Pepe Isabal, experto en comercio online de la consultora E-Tecnia , me comenta que “el gran problema que tiene el emprendedor es con el distribuidor. Es el que tiene la llave del negocio de una tienda online. Los márgenes del sector de la electrónica, por ejemplo, están machacados. Siempre han sido muy cortos. Entre un 4%–9%”.

“Si, en principio, esos distribuidores marcan una línea de precios, puede ser interesante. Otra cosa son las condiciones que te propongan. Tienes que ir distribuidor por distribuidor y preguntarles qué condiciones te marcan. A ti te pueden hacer un 5% de descuento y a una gran superficie un 40%...”, continúa. “Si, de partida, te indican que tienes que comprar 100 unidades... eso ya va a complicar las cosas para un proyecto modesto”, pone como ejemplo.

Tres modelos de negocio... ¿por cuál apuesto?

Vale, quiero vender lápices táctiles, pero ¿cómo? ¿Sólo lápices? ¿De alta gama? ¿Voy a precio? Después de realizar el estudio de mercado, en una servilleta (por aquello del cliché) escribo estos tres modelos, que cuando arranco con el proyecto son los únicos que se me ocurren:

MODELO A.  
Se llamaría www.tulapizdigital.com: se trata de una tienda de lápices táctiles y recambios de esos lápices a buen precio. Pienso en traer producto de China, coger 6-7 modelos y probarlos.

MODELO B.
Abriría una tienda a la que llamaría algo parecido a www.bamboomanía.com. Es un modelo de tienda de marca–distribuidor. En este caso, de los productos de la japonesa Wacom. He buscado un producto de calidad en el mercado y me he encontrado con que la referencia es el Bamboo Stylus, y he pedido al contacto comercial que me explique cuáles son las condiciones para sus distribuidores. Puede tener sentido distribuir online este producto y otros de esta misma marca. Mi objetivo: clientes con alto poder adquisitivo y artistas gráficos.

MODELO C.
El último modelo consistiría en vender accesorios para tabletas y dispositivos móviles y centrarlo en un nicho: los niños. La tienda que abriría sería algo parecido a www.babytablet.com, una tienda de productos táctiles para peques: bolis de colores, bolis para papás, leads para apps, fundas y protectores de pantalla. Incidiendo en la personalización de estos productos. La dificultad estaría en darlo a conocer, pero...

¿Qué diría un experto?
Contrasto con Isabal estos tres modelos de negocio. Este experto me comenta que “el modelo A no funcionaría al ser un único producto, con poca demanda. No tendría suficientes clientes como para hacerlo viable. Además, no tiene, en el fondo, suficiente margen”.

“El B se cae por los mismos motivos. El problema de estos dos modelos es que es un universo pequeño”, continúa.

El C, sin embargo, podría funcionar. ¿Por qué? “Hay un boom en la penetración de las tabletas en los hogares. Y el esnobismo de los padres se traslada ahora a los hijos. Funcionaría bien con estrategia de blogs y redes sociales”, señala. Además, quien tiene una tablet tiene un poder adquisitivo razonable.

Dónde está mi proveedor

¿Por dónde empiezo? ¿Dónde encuentro a proveedores? Sabiendo ya qué quiero vender y con qué modelo de negocio, comienzo mi estudio de mercado en Internet para ver qué tipo de fundas y bolígrafos táctiles (stylus es el nombre que se utiliza en el sector) para tabletas se venden ahí fuera y qué otros accesorios pueden encontrar aquellos seres humanos que no tienen una tableta con una manzana grabada a sus espaldas. Mi punto de partida son las tiendas online de Pixmanía, Amazon e Imaginarium. Offline me paso con mi mujer (que acaba, por cierto, hasta el gorro de mi experimento) y mi hija por ToysRUs, Imaginarium, El Corte Inglés y por una tienda de referencia de gadgets y accesorios en Madrid: K-Tuin, a ver qué tienen.

Me preocupa, sobre todo, Imaginarium, que acaba de lanzar su propia tableta, Superpaquito, con lápiz incluido (lápiz que, por cierto, es sospechosamente parecido al de los alemanes, sólo que en blanco...). Es una competencia potente, pero ellos no venden accesorios –sus tabletas se podrán personalizar y proteger...– y, además, ayuda a difundir las tablets entre el público infantil. Así que una (gorda) de cal y otra, de arena. Luego realizo búsquedas en Google para descubrir al resto de vendedores online (en la primera y segunda página de resultados) a ver qué encuentro. También analizo el volumen de búsquedas en Google Trends –una herramienta gratuita que te permite analizar la popularidad de las búsquedas–. Tecleo en los buscadores: ‘Accesorios para tabletas’; ‘Lápices táctiles’; ‘Stylus’; ‘Lápices táctiles para Android’; ‘Bolígrafos táctiles’; ‘Tablet para niños’; ‘iPad cover smart’; ‘accesorios para tablets’; ‘fundas para tablet’; ‘personalización de tablets’; y ‘fundas para iPad’. La expresión que más búsquedas ofrece, tiene 1.500 diarias. Hmmm. Pocas me parecen a mí.

Me acuerdo de otra empresa, británica, Proporta.com, a los que intenté comprar el año pasado una funda para mi padre, que tiene un modelo de Palm que utilizaban ya en el Antiguo Egipto. Me ayuda ver cómo esta tienda online organiza los productos y me sirve para corroborar que realmente poco producto hay más allá de la manzana. Mi siguiente duda es: ¿Dónde están los proveedores?

Como no sé por dónde empezar, me doy de alta en Alibaba.com, una plataforma de contacto entre vendedores y distribuidores, y comienzo a buscar proveedores por las categorías de producto. No tardo mucho en encontrar uno que fabrica un bolígrafo táctil que, si doy crédito a la fotografía, es exactamente igual que el alemán AluPen. Para un pedido de 100 bolígrafos me piden 0,30 céntimos de euro (ya hecha la conversión a euros) por unidad. Teniendo en cuenta los gastos de transporte y aduanas, al final, traerme un boli chino me cuesta 2,92 euros la unidad. Le pido una muestra a este proveedor. Aquí se me ve el plumero. Les pido uno y ellos me dicen que haga un pedido de 100. Al parecer es lo habitual (más tarde lo sabré), pero yo insisto en que sea uno solo. Pedir uno me cuesta 14 euros, y 100, 156 euros, gastos de transporte incluidos. Pido uno.

Aduanas y certificación
Mientras tanto, se me ocurre hablar con Mariano Nava, un emprendedor experto en import-export con China, para hablar con él de garantías, de tiempos, de cómo hacer negocios con los chinos, en el caso de que finalmente mis proveedores sean ellos.

Mariano me pone al día de los trámites y costes aduaneros y me explica que si quiero dirigirme al público infantil, necesito una certificación independiente para garantizar los productos y vigilar la fabricación. Y ahí se encarece la operación. Y ya no me interesa. El producto tarda en llegar, al final, dos semanas. Es más grande de lo que esperaba y mucho más pesado. Pruebo a ver la facilidad para extraer las piezas y no es difícil. Así, a las bravas, no es apto para niños. Llamo a Mariano y le cuento. “Claro, han tardado tres semanas porque no te han visto serio. Tenías que haberles pedido 100”. Creo que no sólo me responde como experto en transacciones con China, sino como alguien con un espíritu emprendedor. Le comento que les dije que quería testar el producto y se molestaron. “Normal”, dice.

Personalizar
Se me ocurre entonces personalizar las carcasas de los dispositivos móviles. Me acuerdo, de ForCover, una empresa sobre la que leí hace unos años. Ellos quisieron hacer lo mismo y como no había fabricantes, al final se pusieron a fabricar ellos. Continúo con mi búsqueda de proveedores y me encuentro con el modelo Cosmonaut, de Studio Neat, les escribo... ¡y responden!

Necesito alguien que...

“Tengo idea de vender online bolígrafos para pantallas táctiles de tabletas y dispositivos móviles. Ya cuento con precios de proveedores tanto europeos como chinos y estoy buscando ahora una plataforma de comercio online en la que establecer mi tienda. Estoy buscando precios y servicios”. Le escribo esto a un proveedor de servicios de Internet para hacer un poquito de mistery shopping.

Tengo claro que la tecnología es la menor de mis preocupaciones, en el sentido de que es un servicio que se subcontrata a un experto. La tecnología, como me insistirán a lo largo del experimento los expertos con los que voy hablando, “no te puede poner barreras, tiene que ser útil y no dejarte colgado”.

¿Qué busco exactamente?:
    -Diseño y programación: desarrollo de tienda online, mantenimiento técnico de la tienda online y alojamiento web.
    -Marketing y comunicación: marketing online (SEO y SEM), social media y analítica web.
   - Gestión: un ERP para gestionar pedido, facturación, contabilidad y logística-transporte.

A las dos horas ya obtengo respuesta del proveedor de Internet al que he escrito. Me llama directamente un consultor, no un comercial. Me pregunta exactamente por el tipo de producto que quiero vender, a qué precio y a qué tipo de público al que le voy a querer vender el producto. No sé si le convenzo con lo que le cuento, pero me parece positivo que haga ese tipo de preguntas. Al menos a mí me da la impresión de que sabe de qué va esto.

Las primeras cosas que me cuenta después de preguntarme qué quiero vender, me suenan bien:

    -“Es un sector que conocemos bien. No tenemos ninguna tienda con tu mismo posicionamiento, pero sí clientes en el mercado de los accesorios informáticos”.

    -“Ten presente que no es tanto un negocio de precio, como de volumen. Te vas a mover en un margen de entre el 5% y el 8%”.

    -“Queremos garantizarte la supervivencia de la tienda. Prefiero venderte algo más barato y que tengas un retorno de la inversión en ocho o nueve meses y en un año hacer evolucionar la web y que te gastes más”.

   - “Vas a tener que entrar en la guerra de los comparadores: Ciao, Mercamanía, Google Shopping...”.

Esto último es algo que no se me había ocurrido. ¿Es verdad? ¿Tengo que entrar en una guerra de comparadores? Luego ese mismo consultor ya entra en la parte más comercial, que no me suena tan bien.

Me comenta que todo me sale por 1.600 euros, unos 133 euros al mes, sin tener en cuenta temas de facturación, que suben el precio 49 euros al mes. He leído en su web que hay un alta de 249 euros-590 euros (depende del paquete que compres), pero no me ha comentado nada y no sé si está incluido dentro del precio total que me plantea por teléfono. Eso no lo sé hasta que tres días después me llega el presupuesto. Al final, no son 1.600 euros al año, sino 1.744 euros más 3.996 euros (sumando todos los gastos adicionales mensuales). Total: 5.710 euros.

Logística y pasarela

A continuación busco al resto de proveedores de servicios: logísticos y pasarela de pago. Los primeros no me pasan presupuestos, así que los extraigo de sus webs, y para la pasarela de pago, dado que hablar con los bancos sin fuego real no tiene mucho sentido, apuesto por PayPal, cuyo coste es público y, en principio, no se negocia.

¿Qué opinan los expertos?
Los expertos independientes que consulto me comentan que un proveedor de servicios tecnológicos cobran entre 1.500 – 2.000 euros por montarte una tienda online a partir de una plantilla de calidad (estilo Prestashop, una solución contrastada), con un diseño mínimo, funcional para un proyecto común y darte algo de formación. Eso no incluye seguimiento del negocio. Y tampoco el mantenimiento.

Es un punto de partida. Pero ¿está bien o está mal? No lo sé, así que le pregunto a Carlos Oca, socio director de Lextrend, empresa de desarrollo de software para web. “A la hora de valorar un presupuesto, divide el total de la inversión que tienes que hacer entre 40 euros la hora [algo caro, ya lo sé] y así tendrás el número de horas que va a dedicar a tu proyecto”, me recomienda Oca. Con el presupuesto que tengo en las manos, me da 45 horas para llevar a cabo mi proyecto.

Todos los expertos que he consultado me han dicho que hay proveedores más baratos y que en cuanto hay volumen, los precios, bajan. No obstante, he preferido irme a precios medios de la tabla y a calcular costes de envío en la peor de las situaciones (en un volumen bajo de ventas). Los expertos insisten en que se puede negociar con estos proveedores.

Y esto, ¿cómo lo vendo?

¿Qué cuota de mercado te vas a quedar? ¿Qué cuota de mercado estimas para el corto, medio y largo plazo? Esta es la pregunta inicial –formulada de dos formas diferentes– que te hacen muchos expertos en marketing, antes incluso de que pienses cuál va a ser tu estrategia final. A mí, francamente, me parece difícil de responder para una tienda online como la que planteo y con el dinero que tengo de partida.

Isabal me explica que si mi producto lo buscan 1.500 personas y me quedo con el 20% de ese mercado, vendería 300 lápices o 300 carcasas al día. Pero que lo busquen 1.500 personas no quiere decir que vayas a tener 300 ventas... Así que, ¿de qué me sirve, de verdad, responder a esa pregunta? El papel no sólo aguanta las cifras, sino cualquier cosa que escribas.

Antes de ponerme a pensar en la estrategia de marketing, estoy a punto de tirar la toalla. Creo que el experimento ya ha funcionado cuando estoy a punto de tirar la toalla... y sigo adelante. En mi caso, flaqueo ante las dudas que todo el mundo me planteaba al hablarles de lo que quiero vender y a qué público.

“¿Niños? ¿Sólo tabletas y accesorios? ¿Cómo vas a llegar a ellos? No les va a interesar”, me decía todo el mundo. Estuve a punto de creérmelo hasta que recordé (tardé varios días, después de volver a valorar otros modelos de negocio y estar a punto de retomar al tema de las correas) que el negocio se iba a apoyar en una estrategia de marketing basada en la generación de contenidos de calidad: recomendación de aplicaciones infantiles para esas tabletas y recomendación de productos (incluso invitando a los lectores que me propusieran traer productos, al estilo: si te interesa comprar este producto, escríbenos...).

Un proyecto ‘social’
“Tienes que apostar por un proyecto muy social y vinculado al niño, o si no, no funcionará. Tiene que convertirse en una tienda que le apetezca compartir a los padres con los hijos a través de propuestas. Hoy os proponemos que os descarguéis esta aplicación para Android que hace esto y lo otro... y entremedio les colocas la funda de estrellitas, el boli diferente...”, me insiste Isabal.

A la hora de emprender, siempre se dice que si no tienes dinero, necesitas tiempo. Y viceversa. En este caso, para el proyecto que he planteado, no tengo mucho dinero para marketing, así que salvo la parte de marketing digital pura y dura, para el resto sólo voy a invertir tiempo. En este caso, me aprovecho de mi experiencia como periodista y mi trabajo anterior en publicidad.

La idea que tengo, para ser sincero con vosotros, es hacer un GeekDad, el blog de la revista Wired para padres –con hijos– aficionados a la tecnología, en español. No una traducción al castellano, sino un blog con contenidos propios, nada de copiar y pegar. Y mejorándolo, en el sentido de que esos padres se impliquen en la tecnología de sus hijos y centrándome en el tiempo de ocio de padres e hijos. La idea sería generar tráfico y participar en blogs de tiempo libre para padres con hijos –no en el sector de tecnología, que ya está copado y poco puedo aportar–.

¿El resto? SEM, para el que subcontrato a un proveedor, y el SEO natural que sea capaz de generar.

Con los precios, de puntillas

Al final, no sé si ha quedado claro, decido no competir en precio y poner precios razonables, que no precios bajos. En realidad son precios altos, pero con las condiciones que me marcan los proveedores tienen que ser más elevados de lo que querría para poder mantener la empresa.

Además, si es verdad lo que me explican lo expertos en pricing siempre es más fácil arrancar con precios altos y luego bajarlos, que empezar con precios bajos y luego subirlos. Además, tengo muy claro que no quiero dirigirme a clientes que vayan sólo a precio, porque a esos no les voy a retener nunca con mi propuesta de valor. En el caso de los productos que me traigo de Estados Unidos y que trabajan con un PVP mínimo me quedo con ese precio y aprovecho para meterle más margen al producto personalizado, que es con el que, de verdad, gano dinero... siempre, claro, que haya volumen.

Aviso para navegantes: sólo he podido echar cuentas con los presupuestos que me han enviado. En el mes en el que monté la tienda, sólo conseguí presupuestos reales para la personalización (me sale a 10,89 euros la unidad, incluido el IVA y los gastos de envío), el bolígrafo COSMONAUTA (13,30 euros la unidad), y un ejemplo de carcasa, GLIF (9,50 euros la unidad). Para calcular un precio hipotético de las tabletas he tenido que hacer un ejercicio de economía ficción: he cogido el precio de venta al público del proveedor que me interesa, 199,99 euros, le he aplicado un optimista 10% de margen y, más optimista aún, he pensado que podría negociar con él para que me dejara a unidad a 170,99 euros. De otra forma no me saldrían las cuentas. Ya sólo el IVA que se paga en la aduana y los costes aduaneros me ponen la unidad a 214,55 euros, lo que ya es una pasada de precio si luego quiero competir en el mercado. Menos mal que es un producto de calidad.

¿Qué nombre...? ¿Qué logo?

Una cosa es escribir sobre consejos de gestión y otra aplicárselos a uno mismo.

Mira que siempre que entrevistamos a Ricardo Lop, emprendedor en Internet, nos cuenta que no nos pillemos las manos con los nombres de las tiendas online y que busquemos genéricos porque un día estás vendiendo cuchillos, al otro tijeras y tres días más tarde, tiendas de campaña y látigos porque así lo demandan tus consumidores. Pues bien, montando la tienda, después de probar varios nombres apuesto por PequeTablet.com. Me gusta como suena, pero hasta un mes después no me doy cuenta de hasta qué punto me limita.

Como dice Fernando Montero, subdirector de la revista “el modelo de emprendedor MacGyver no es lo más recomendable, Rafa”. La traducción española es el emprendedor Juan Palomo, pero como la cosa va de ahorrar costes, he diseñado el logo con mis manitas. No es lo mejor del mundo, se le pueden poner mil pegas, pero cuando no hay dinero, las estrategias de guerrilla son tan apañadas.

Hace unos años escribí un reportaje sobre cómo ponerle nombre a tu empresa y diseñar un logo. Recordé que una de las fuentes apostó por vincular a la marca a un personaje. Me pareció que para el mercado infantil –vamos, para los padres que consumen esos productos para sus hijos– entraría bien un personaje. De ahí el dibujo. Se supone que es Mari Carmen y es quien escribe la web, recomienda los productos y te envía los pedidos.

Echando cuentas

Cuando echo cuentas, trato de ser pesimista, pero... ¿hasta qué punto hay que ser pesimista? ¿Para mí, un tipo conservador con una gran aversión al riesgo? Vender cero patatero. Pero, claro, en ese escenario no monta una empresa ni Richard Branson. Así que ¿cuánto es vender poco?
Ahora pienso que todo este experimento tiene una trampa. Ya no se trata sólo de ver cuánto me cuesta emprender sino de cuánto dinero dispongo en realidad, cuánto soy capaz de conseguir y hasta dónde estoy dispuesto a invertir en el negocio, hasta dónde estoy dispuesto a llegar. Creo que esa es la principal diferencia entre un emprendedor y un periodista disfrazado de emprendedor que trata de montar una tienda online.

Al apostar por traer productos de calidad, ya estoy hablando de traer pedidos estadounidenses. Traerme un pedido mínimo de 600 unidades, por ejemplo, del bolígrafo del proveedor estadounidense, me cuesta 7.979,24 euros, incluida ya la aduana (me cuesta 8.400 euros más 1.335,17 euros del 21% de IVA, más 286,11 euros del 4,5% de aduana que estimo para este tipo de producto). Vamos, que esto ya va más en serio que traerme 100 bolis de China por 152 euros.

¿Qué cuentas hay que echar? ¿Me pongo a hacer un plan financiero? Me acuerdo entonces de Antonio Manzanera, inversor y autor de Finanzas para emprendedores y de algo que me dijo y que se me quedó grabado a fuego:  “La planificación de la tesorería es el principal instrumento de gestión financiera que tenéis. Olvidaros de la cuenta de explotación...”.

¡Necesito otra fuente de ingresos!
Elaborar el plan de tesorería me ayuda a entender que necesito generar liquidez con otra fuente de ingresos que no dependa exclusivamente de la tienda online.

Después de preparar mi plan de tesorería a dos años, me doy cuenta de que las perspectivas más negativas son tristes y desaniman, pero que tengo una posibilidad. Hace falta algo más. Ya sé que los cálculos sólo tienen en cuenta tres productos (los únicos para los que tengo presupuestos y condiciones reales), pero me sirve para hacerme una idea sobre cuál es el escenario que me voy a encontrar.
 
Vender a colegios
Me he dado cuenta de que Peque Tablet necesitaría una línea adicional de liquidez. Se me ocurre abordar la personalización de tablets y dispositivos móviles en colegios de élite. Al igual que los anillos escolares y universitarios en Estados Unidos, las tabletas en España: con el logo y el alma máter. A lo mejor también para profesores.

Comienzo a echar cuentas a la personalización de tabletas y dispositivos móviles en los colegios. Busco listados de colegios de élite en Madrid (por algún sitio hay que empezar). Busco centros privados con mejores notas. Me imagino que serán los que se sientan más orgullosos. Mi colegio, por cierto, está entre los 10 primeros. Hmmm. Podría ser un buen punto de arranque. Si sigue alguien conocido, lo mismo hasta me reciben. Calculo un precio más barato, una rebaja de cuatro euros en mi margen a cambio de volumen y las cuentas mejoran.

¿Qué diría un experto?
“Afinar con la facturación es, junto con un buen estudio de mercado, lo más difícil de un plan de negocio”, dice el experto Fernando Alfaro. Para tratar de acertar, me explica, tienes que tener en cuenta un máximo: la facturación de tu competencia –vía Registro Mercantil y empresas que venden informes de empresas–; y un mínimo: el punto de equilibrio (cuánto tienes que vender de cada producto para cubrir todos tus costes, fijos y variables). A la primera parte, el máximo, no llego por tiempo, así que me limito a calcular las cantidades que tengo que vender para cubrir costes. Este análisis, a caballo entre el análisis económico–financiero y el estudio de mercado, te hace ver también hacia dónde va el sector.

“¿Qué le pasa a tu competencia? ¿Van hacia arriba? ¿Van hacia abajo? Te interesa ver eso no sólo para hacer previsiones de facturación, sino para tomarle también la medida al sector en el que te quieres meter”, argumenta Alfaro. Recuerdo entonces que cuando hablé con la competencia, Otero, comentó que en 2012 se había notado más la crisis que en años anteriores en el ecommerce, aunque a ellos les sigue yendo bien.

¿Qué verá mi cliente?
Lo lees. Incluso tienes ejemplos, y, sin embargo, cuando te pones a hacerlo tú, no funciona. He escrito en varias ocasiones sobre posicionamiento web, soy capaz de darte una charla práctica de hora y media sobre el tema y destacarte las mejores prácticas... Y luego, cuando trato de utilizarlo en mi negocio, no soy capaz de aplicármelo en mis propias carnes.

Todo esto lo digo porque hago un boceto (sólo un boceto, no pretendía que fuera la homepage real de mi tienda online) para planteárselo luego a mi proveedor de servicios en Internet. Aunque mi tienda online se construirá sobre una plantilla que ya sabe dónde tiene que ir cada cosa para que funcione la venta, quiero hacer yo una distribución rústica de productos y de todos los elementos que quiero tener. Cuando ya lo tengo todo, antes de planteárselo a mi proveedor tecnológico, me voy a ver al experto Carlos Oca, quien me pone los puntos sobre las íes: no he dado ni una.

Sin sorpresas para mis clientes
Sólo acierto en dos cosas: una, en que aplico –y asumo– el IVA en todos los precios y se lo dejo claro al cliente. Como usuario, a mi me da bastante rabia cuando empiezo a sumar el IVA a una compra online. Y también acierto con una política a la que llamo ‘transparencia total’ en los gastos de envío. No voy a meterle absolutamente nada de margen a mis envíos. Los va a pagar el cliente –no los voy a asumir yo–, pero le va a costar única y exclusivamente lo que cuesta de verdad el servicio. No quiero ganar dinero con eso.

Puedo no tener el mejor precio, pero la logística –costes de envío reales– puede ser una ventaja competitiva.

¿Cómo mejoro el logo de mi tienda online?

Cometo un error habitual: el logo grande ande o no ande. No tengo en cuenta, me explica Carlos Oca, que mi marca no es conocida y que el diseño gráfico debería ser la última de mis preocupaciones, siendo las primeras la navegabilidad de la página web y el posicionamiento. Meter el logo grande me quita oportunidades para introducir contenido que sí que le interesa a Google.

Oca me apunta que he desaprovechado por completo mi menú de cara a la usabilidad y posicionamiento, y me sugiere las siguientes reflexiones:
   - “¿Por qué expresiones te quieres posicionar? Porque no queda claro. Tiene que ir en el eslogan de tu empresa. No puedes perder esa oportunidad para tu SEO”. Lo de ‘Convierte tu tableta...’ no funciona para posicionarme y sólo confunde al buscador de Google”.

    -“Falta el login/registro”.
   - “¿Cuáles son tus expresiones para definirte en tu tienda? En tu home, la densidad de expresiones tiene que rondar el 10%”.
    -“Tienes que definir la ficha de producto”.
   - “Tienes que poner el nombre del producto y necesitas explicar en qué consiste el producto”.
    -“Tienes que definir mejor las categorías”.
   - “Faltan pestañas, que ayudan con el SEO”.
    -“Tienes que meter contenido de tus redes sociales, no puedes obligar a tu usuario a pinchar y perderle. Dale contenido”.
   - “Los menús no son claros”.
    -“Identifica tus marcas en los menús”.

Oca insiste en que, sobre todo, fallo en que Google necesita texto y yo, en este planteamiento, no lo doy. Me apunta que no me queda clara mi definición de tienda online, ni de los productos, ni tampoco cuál es mi target. Me sugiere que trabaje en una relación de expresiones por las que me quiero posicionar. Señalo estas:

    ‘Accesorios para tabletas’
    ‘Lápices táctiles’
    ‘Stylus’
    ‘Lápices táctiles para
    `Android’
    ‘Bolígrafos táctiles’
    ‘Tablet para niños’
    ‘iPad cover smart’
    ‘Accesorios para tablets’
    ‘Fundas para tablet’
    ‘Personalización de tablets’
    ‘Fundas para iPad’

Luego insiste en la importancia de incluir también descripción SEO en la pestaña del navegador. “Pienso: “Tienda online de accesorios de tablet para niños”.

¿Funcionará?
Oca continúa:

   -“Huye del rotador. Mejor apuesta por un banner fijo, una imagen estática con un mensaje que puedes cambiar”.
    -“Si apuestas por un tiempo de entrega y un precio de envío de productos, tiene que quedar mucho más claro y debería ir más centrado en la zona premium de la home page de tu tienda!.
   - “El login (mi carro) tiene que quedar más claro. Necesitas información de tus consumidores”, me explica. Le comento que no quiero pedir muchos datos a los consumidores, y me contraargumenta que la única diferencia entre un cuestionario de registro y uno de pasarela de pago es que hay que pedir el correo electrónico. Para las páginas interiores de producto, le comento que tengo idea de coger los productos de la home y ponerlos tal cual, sólo que en grande. [Sí, ahora que lo escribo, me da vergüenza...].
   - “Aprovecha para meter toda la info en la zona premium y tiene que aparecer el precio, los gastos de envío y la posibilidad de comprar”.
    -“Apoya la ficha con una buena descripción de producto y fotos”.

Conclusiones de este experimento

Si has llegado hasta aquí, te darás cuenta de que todo este esfuerzo para elaborar un plan de negocio y poner en marcha una tienda online, no implica que el proyecto vaya a salir bien... ni mal.

Hay un trabajo previo antes de abrir una tienda online y un trabajo, diferente, cuando ya contratas al proveedor, apruebas el diseño de la tienda, te llegan los pedidos, te pones a generar tráfico y abres la tienda. Cuando abres la tienda es cuando empieza el verdadero trabajo.

Si quieres que te diga qué he aprendido –además de sufrir como vosotros y a hacer un plan de tesorería–, es esto:

1.-Si no tienes el dinero que necesitas para emprender, no emprendas. Si no tuviera esos 31.288 hipotéticos euros en el bolsillo, no me metería en un negocio parecido, ni pediría dinero para montarlo. Otra cosa es que sí dispusiera de esa cantidad... Sólo después pediría dinero.

2.-Aunque la inversión online sea menor que las inversiones que se requerían antes para emprender, el comercio electrónico sigue suponiendo un riesgo económico. Es cierto que antes de que existiera el canal de ventas de Internet era impensable –a ver, con matices– emprender un negocio –que no prestar servicios– por menos de 50.000 euros. ¿Un negocio por 35.000 euros? El personaje de Antonio Alcantara nos tildaría de locos. Sin embargo, es igual de arriesgado. Sigue siendo mucho dinero. Que te juegues menos dinero, no quiere decir que no haya dinero en juego. ¿Estás dispuesto a tirar por la borda tu capitalización del paro? Mientras elaboraba este proyecto, recordé un consejo que me dio un profesor de Economía, Alberto Puente, hace unos cuantos años: ¿cuánto obtendrías si lo invirtieras el dinero que vas a dedicar a tu proyecto? 31.288 euros a un interés fijo de 3,950% TAE en un banco sólido: 1.218 euros a 12 meses. Rafa, ¿dónde está ese espíritu emprendedor?

3.-Si emprendiera, de verdad, montaría un negocio del que entendiera. Y no me metería a tendero, que es muy respetable, pero es algo para lo que sinceramente no tengo talento. Tengo muy claro que me dedicaría a prestar servicios de las materias que conozco: periodismo, comunicación, docencia, edición…

4.-Si tienes que cambiar el modelo de negocio porque te das cuenta de que no te lleva a ninguna parte o que se va a agotar, cambia. No te aferres a una idea. Es lo que los gurús llaman ‘pivotar’ y el resto de los mortales, sentido común.

5.-Y si el negocio no es viable, no te empeñes en sacarlo adelante. Al final, el proyecto que he diseñado se quedaría en una tienda para generar un dinero complementario a un sueldo, pero no me daría un sueldo para vivir.

 
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