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Toni Nadal, ex entrenador de Rafa Nadal y director deportivo de Rafa Nadal Academy by Movistar

Las técnicas de los campeones también pueden usarlas los emprendedores

Tras 27 años acompañando a Rafa Nadal por los principales circuitos del mundo, regresó en enero a Manacor para dirigir el centro de alto rendimiento que lleva el nombre de su sobrino. 

Isabel García Méndez | 12/11/2018
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Después de casi tres décadas ayudando a forjar al mejor deportista español de todos los tiempos, el pasado mes de enero Toni Nadal decidió cambiar de registro para asumir la dirección deportiva de la Rafa Nadal Academy by Movistar. Un cambio radical que, sin embargo, él afronta, como todo en su vida, “con total normalidad. Antes iba con uno de los mejores jugadores del mundo y ahora con jugadores de otro nivel. Son etapas. Entendí que ya no era necesario en el trabajo que hacía, que Rafa estaba suficientemente bien atendido y que no necesitaba mi presencia. Me gusta sentirme útil y en ese momento con él ya no lo era”.

Ahora asume un nuevo desafío preparando a 125 alumnos del programa anual que aspiran a convertirse, si no en un nuevo Nadal, sí al menos en tenistas profesionales algún día. Algo que no todos conseguirán. “Yo siempre les digo a los padres que nosotros no les vamos a hacer profesionales, les vamos a ayudar a que lo puedan conseguir, pero el trabajo es sólo suyo. En estos años de circuito he visto el proceso de aprendizaje de Rafael, de Djokovic, de Federer y de otros chicos y esas enseñanzas las ponemos en valor en la academia, sí, pero al final es cada chico el que tiene que lograrlo. Un entrenador no hace un campeón, le da instrumentos y consejos, pero es un tema personal de cada uno.” Y precisamente de esos instrumentos y consejos que ayudan a forjar un campeón del deporte, de la empresa o de la vida es de lo que queremos que nos hable en estas páginas. Aunque se muestra tajante sobre la sencillez de sus planteamientos “el único método que tengo es el sentido común y la lógica en cualquier cosa que he hecho en la vida. A veces complicamos demasiado las cosas y eso no va con mi manera de entender el mundo ni con mi manera de entender el deporte”, hay varias claves en su discurso que cualquier emprendedor debería asumir:

Compromiso. “La clave para superarse día a día es el compromiso. Es eso lo que hace que cuando crees que no eres suficientemente bueno en algo sigas preparándote. A veces nos perdemos en explicaciones rimbombantes que quedan muy bien en marketing, pero todo es más simple: lo fundamental es el compromiso que tú tengas con las cosas y las ganas de mejorar que tengas, la pasión por lo que haces”.

Trabajo constante: “Como entrenador mi labor es, como decía Howard Gardner, ‘conseguir que el chico quiera hacer lo que tiene que hacer’. Es necesario crear en los chavales unos hábitos de trabajo y de compromiso con lo que hacen. En el caso de mi sobrino, por ejemplo, yo intenté que Rafael sintiera la necesidad de mejorar y que no se contentara con lo hecho, en realidad que no se contentara con casi nada. Muchas veces lo que le falla a la gente es que cuando las cosas les van bien, se duermen en los laureles. Yo he visto gente muy buena quedarse en el camino por acomodarse. Siempre hay que seguir. Con Rafael es difícil que no se den buenos resultados porque tiene un compromiso y un afán de superación muy altos.”

Fortaleza mental: “No conozco a nadie que no tenga miedo ante un nuevo desafío, reto o cambio. La incertidumbre se trabaja con reflexión. Casi nadie tiene la certeza de que las cosas van a ir bien ni en el ámbito empresarial ni en el ámbito deportivo. Las dudas siempre están ahí, pero es que sólo los muy tontos no dudan. El que avanza y logra hacer bien las cosas es aquel que duda, decide, se equivoca y con cada intento equivocado mejora. Todo el mundo va mejorando con los años porque va trabajando sus habilidades y sus debilidades. El Rafa de hoy es mejor que el Rafa de los inicios. Ha mejorado de potencia, de velocidad, de físico, de golpes con la derecha… porque todo lo ha trabajado. Es cierto que no todo el mundo puede ser un Nadal o un Federer o un Amancio Ortega. Pero siempre puedes mejorar”.

Talento y aprendizaje: “Muchas veces la gente confunde talento con una facilidad para hacer las cosas. En un niño es un potencial. En un mayor es una realidad. El que ha tenido más talento es el que al final lo ha hecho mejor. El talento es la mezcla de lo que tú necesitas para ser un buen jugador o un buen emprendedor: habilidades, capacidad, predisposición mental para asumir retos, formación… El talento inicial es bueno, pero lo determinante es el talento final, que es la suma del talento inicial más trabajo más capacidad de aprender. Esto último, la capacidad de aprender es la que va a determinar tu talento y tus posibilidades de alcanzar la meta y triunfar en lo que te propongas”.

Humildad. “Nadie es especial. Desatacar mucho en un tema no te hace especial. Eso lo que demuestra es que tienes una especialidad. Mi sobrino es muy bueno a nivel tenístico, muy buen jugador, pero eso ¿le hace especial? Sería un poco extraño que alguien fuese especial por pasar la pelota por encima de una red”.

Ilusión realista. “Hay que saber conjugar ilusión y realismo. La ilusión es importante porque es bueno tener un ideal en el que fijarse. Es la que establece el nivel de lucha que nos ayuda a intentar emular a alguien. Luego está la realidad, no se puede perder el norte. Hay que conocer las capacidades de uno mismo y saber hasta dónde puedes llegar, pero siempre manteniendo la ilusión. La realidad no puede matar la ilusión.”

Y estas lecciones aplicadas a la academia que dirige deportivamente se traducen en “intentar hacer las cosas lo mejor posible. Eso no significa lo mismo para todos. Con algunos eso implicará que puede llegar a ser un gran jugador y con otros que serán jugadores de otro nivel, pero hay que buscar la satisfacción personal que debe estar en hacer las cosas lo mejor posible. Al final, la finalidad de los entrenadores es sacar lo mejor de cada uno. Observarles, mirar sus características y, a partir de ahí, desarrollar un plan, pero siempre adaptándolo a él, a cada jugador concreto. Si yo hubiese intentado aplicar a Nadal los métodos que son buenos para Federer no habría funcionado.”

 
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