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Grandes fiascos de Silicom Valley (3)/ Jawbone: Un pionero abatido por la competencia

Lo más destacado de Hosain Rahman, un norteamericano hijo de inmigrantes paquistaníes con una licenciatura en Stanford, es que de poco le ha servido haber llegado al mercado, con sus propuestas, antes que los demás. 

Fernando Barciela | 09/04/2018
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Una y otra vez se ha visto vencido por rivales que han llegado después. Ocurrió con AliphCom, lanzada en 1999, y que sacó al mercado los mejores auriculares y altavoces que se podía esperar.

La empresa, con sede en San Francisco, era ampliamente conocida en el mercado por sus auriculares para bluetooth y la línea de altavoces Jambox, considerados los mejores también para blue
tooth. Pese a esa excelencia en el producto, al final
las grandes multinacionales electrónicas acabaron 
por arrinconarlo con sus 
productos low cost. Ante 
esta tesitura, en el 2011,
 Rahman decidió un cambio 
de orientación en su compañía, a la que rebautizó
 como Jawbone y en la que 
apostó el todo por el todo: 
cambió de la electrónica 
de consumo más masiva a los emergentes wearables –relojes y pulseras– para monitorizar el ejercicio físico y la salud.

Como también en su nueva etapa fue la primera en lanzarse a este nuevo mercado –con productos tan aceptados como su Up fitness band–, rápidamente afluyó la financiación. Los inversores, muchos de ellos grandes figuras del capital privado que se sumaron a Rahman en el consejo, llegaron a aportar 900 millones de dólares en Jawbone, que llegó a estar valorada en más de 3.000 millones de dólares.

Sin embargo, nunca logró asentarse firmemente en el mercado. Según las grandes se iban lanzando al ruedo de los wearables –Apple, Samsung, FitBit...–, Jawbone vendía cada vez menos. Acabó teniendo menos del 5% del mercado. Esa caída de ventas aceleró su desplome. Jawbone, que sigue existiendo, es una sombra de lo que era. Ha ‘quemado’ todo el dinero recibido de los inversores, se ha quedado sin fondos y debe 400 millones de dólares. Su servicio al consumidor se deterioró –en enero dejó de ofrecer soporte a los clientes– y era habitual quedarse sin stock.

Entre 2016 y 2017 muchos de sus principales ejecutivos optaron por abandonar la compañía. En julio de este año, una vez que su último producto, un monitor de fitness, se vio que no funcionaba, empezó a liquidar sus activos, lo que le ha convertido en la segunda quiebra más grande de Estados Unidos entre las empresas apoyadas por el capital riesgo, de acuerdo con la consultora CB Insights. Jawbone, que sigue con su site funcionando, se ha convertido en eso que llaman en Silicon Valley, Walking Deads. Su actividad está bajo mínimos.

 
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