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¿Jamón ibérico de bellota texano? Un milagro que ha hecho posible la española Acornseekers

Acornseekers se ha propuesto conquistar los paladares estadounidenses más exigentes
 con el mejor jamón ibérico de bellota.

David Ramos | 10/07/2018
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En lugar de criar los cerdos en España y exportar a EE.UU., ha optado por montar las granjas allí. Cargó 150 cerdos en un avión rumbo a Texas y ya tiene una cabaña de 3.000 cabezas. La primera gran producción de ‘jamón ibérico D.O Texas’ llegará en 2018.

Acornseekerses la materialización de un sueño que se gestó casi simultáneamente, aunque por separado, en la cabeza de sus fundadores. “Llegué a vivir a Miami en 2010 y me daba cuenta de que me faltaba algo. Soy un gran consumidor de ibérico y lo echaba de menos. Me preguntaba por qué un país como éste, tenía tan pocos importadores de jamón y no había producción propia. Pensé por qué no hacerlo igual que cuando se trajeron las primeras vides de Francia al valle de Napa, creando una industria vinícola propia”, comenta Sergio Marsal, cofundador de la compañía.
 Este pensamiento comenzó a bullir en su mente, hasta que dio con la horma de su zapato. La madre de una compañera de clase de su hija era sevillana y tenía un primo segundo que era ganadero de cerdo ibérico. Era Manuel Murga, cofundador de la empresa y director de operaciones.

Dio la casualidad de que Murga ya se había planteado el proyecto de criar cerdos ibéricos en EE.UU. años antes. “Cuando Manuel era pequeño se fijaba en que El coche fantástico, la popular serie, pasaba siempre por carreteras plagadas de encinas. En 2009 hizo un viaje a Texas, la zona más poblada de encinas. Recogió unas cuantas bellotas y se las llevó a analizar a Sevilla: apenas había un 3% de diferencia entre las bellotas de su finca y las americanas. Era casi el mismo producto y, por tanto, con las mismas posibilidad para engordar cerdos ibéricos de manera excelente”, explica Marsal.

Consiguió un socio capitalista y estaba a punto de cerrar la financiación con la antigua Cajamadrid. Con la crisis, se cerró el grifo de la financiación y hubo que aparcar el proyecto. Hasta que se encontró con Marsal. “Le pregunté: ‘¿Manolo, sigues teniendo este proyecto vivo?’. Y me contestó: ‘Sigo soñando con él cada noche’”.

Un avión lleno de cerdos

La compañía se creó en 2013 y un año después logró fletar un avión con 145 hembras y 5 machos de cerdo ibérico. Murga hizo una rigurosa selección de los 150 ejemplares pioneros, procedentes de cinco líneas de sangre distintas para evitar futuros problemas de consanguineidad.

El traslado de los animales estuvo plagado de obstáculos. “Tuvimos que abortar varias intentonas estando prácticamente a punto de partir. En una ocasión hubo que posponerlo por un brote de una enfermedad en EE.UU. que afectaba a los cerdos blancos, que no tienen nada que ver con los ibéricos. Como la UE cerró las fronteras para las importaciones, EE.UU. también cerró la suya a Europa. Nos pilló en mitad del camino, estando ya en el lugar desde donde teníamos previsto cargar los animales 25 días después. Como esta situación nos ocurrieron otras muchas, pero aprendimos a superar la barrera del ‘no’. Por ejemplo, nos decían que Texas era un estado poco porcino, ya que en EE.UU. el cerdo se cría más al norte, en Iowa o Carolina del Norte. Los problemas fueron más de tipo burocrático que logístico”, indica Marsal.

Actualmente, cuenta con 3.000 cerdos. “Los campos con encinas, que no son exactamente dehesas, son gigantes. Nuestra única limitación es el crecimiento natural de la población, porque ni inseminamos ni cruzamos con otras razas, como la duroc”, especifica.

Arranca la producción

La compañía cuenta con tres granjas (dos en Texas y una en Florida), pero quiere seguir expandiéndose. En California, planea abrir otra. “Queremos hacer crecer el número de cabezas al máximo ritmo posible. Para ello hay que tener más granjas porque llega un momento en el que se saturan. Y sólo nos interesan las granjas extensivas, nunca intensivas”, matiza. Además de las granjas propias, alquila fincas para el periodo de ‘montanera’, los últimos meses antes del sacrificio del cerdo, en los que vive en libertad y alimentándose de bellotas, pastos, frutos silvestres, etc.

Con el ritmo actual, dentro de tres años podría sacrificar 15.000 animales al año. “Tenemos miedo de que este volumen ni siquiera llegue a ‘hacer cosquillas’ a este mercado, que es gigantesco”.

La compañía está poniendo a punto sus instalaciones en Columbus (Texas), en un enclave estratégico. Esta localidad equidista de Austin, Houston y San Antonio, tres de las grandes ciudades de Texas, junto con Dallas. Además, está en el trayecto de la I-10, la autopista que une Jacksonville (Florida) y Los Ángeles (California), y muy cerca de la carretera que va de Houston a Austin.

Acornseekers sacrificó 200 ejemplares en primavera de 2016. Hasta que su secadero esté listo, ha comenzado a curar los jamones en instalaciones ajenas. Y ya ha podido lanzar al mercado la primera remesa de carne de cerdo ibérico: secreto, pluma, lomo, solomillo, presa, cabecero, lomo, tocino... hasta 23 cortes distintos. Este año espera sacrificar 1.000 animales. Y la primera gran producción de jamones llegará al mercado en 2018.

‘Evangelización’ y distribución

La empresa ha elegido la restauración para empezar a penetrar en el mercado estadounidense. Está contactando con algunos de los mejores chefs y cadenas de restaurantes de alto nivel para incluir sus productos en la carta de sus establecimientos. Además, confía en el papel prescriptor de estas figuras para difundir las bondades del jamón y la carne ibérica entre el gran público. “Tenemos que abordar la educación. Nuestro esfuerzo se centra en ir a los grandes chefs para transmitir la información y educar al consumidor final. Si vas a un restaurante caro y el chef te explica que tiene un cerdo ibérico que se cría en EE.UU., igual que si te contase que hay un kobe beef que se produce allí, transmite un mensaje que se acoge muy bien”, explica Marsal.

Un canal de distribución importante son las tiendas. “Estamos llegando a acuerdos con cadenas como los supermercados Whole Foods o la cadena Central Market, que son tiendas delicatessen pero tan grandes como un Carrefour”, comenta.

Otra vía de penetración es su comercio online, inaugurado a principios de este año. La compañía es consciente de la relevancia de internet en el desarrollo de su negocio. De hecho, lleva un par de años trabajando en la comunicación en redes sociales, especialmente en Medium.com. “Es una red social con más contenido. Y dicen que Obama la lee con frecuencia. Tratamos de reflejar nuestro conocimiento, poniendo posts acerca de la historia del ibérico, contando cosas sobre la puesta en marcha del proyecto, etc.”, indica.

Además, con el fin de ‘evangelizar’ el público estadounidense en la cultura del cerdo ibérico, va a desarrollar el concepto de Acornseekers Atelier en cada una de sus instalaciones. “Queremos explicar a la gente que nos visite la historia del cerdo ibérico. También habrá una tienda/restaurante para tener una experiencia completa. Incluso se podrán observar los cerditos debajo de las encinas para que vean todo el proceso”. El primero abrirá en Columbus, a finales de 2017, pero planea trasladar esta idea a Florida y a su futura granja en California.

En cuanto al público objetivo al que se dirigen, Sergio Marsal indica que “el target principal son los hombres de 40 a 60 años”. No obstante, la compañía presta especial atención a los millenials. “Tienen poder adquisitivo, han viajado y muestran muchas ganas de conocer cosas diferentes. Además, tienen muchísimo empuje en este país. Es un público que nos interesa porque tiene muy buena respuesta”, señala.

 
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